Orfeo y eurìdice

 

Esta es la historia de Orfeo y Eurídice, un mito griego sobre una historia de amor






Apolo, dios de la música y la poesía, uno de los dioses más bellos, vivía rodeado de musas. Fue con una de ellas, Calíope (musa de la poesía épica y la elocuencia), con quien tuvo un hijo al que pusieron de nombre Orfeo.

Su padre, Apolo, le regaló una lira, la misma que Hermes, mensajero de los dioses, le había regalado a él. Era una lira especial, pues tenía nueve cuerdas, en honor a las nueve musas, y estaba fabricada con el caparazón de una tortuga. Por supuesto, Apolo también le enseñó a tocarla. Su madre, por su parte, le enseñó a introducir versos en sus canciones…

Apolo, dios de la música y la poesía, uno de los dioses más bellos, vivía rodeado de musas. Fue con una de ellas, Calíope (musa de la poesía épica y la elocuencia), con quien tuvo un hijo al que pusieron de nombre Orfeo.

Su padre, Apolo, le regaló una lira, la misma que Hermes, mensajero de los dioses, le había regalado a él. Era una lira especial, pues tenía nueve cuerdas, en honor a las nueve musas, y estaba fabricada con el caparazón de una tortuga. Por supuesto, Apolo también le enseñó a tocarla. Su madre, por su parte, le enseñó a introducir versos en sus canciones…

Al llegar al inframundo, se encontró con Cancerbero, el guardián del infierno. Pero consiguió adormecerlo con su música. Y con su lira y su canto, también ablandó el corazón de Hades y su mujer Perséfone, dioses del inframundo, quienes accedieron a sus súplicas

– Está bien- le dijo Hades a Orfeo- Puedes llevarte a Eurídice a tu mundo, pero con una condición: debe caminar detrás de ti. Y no puedes mirarla hasta que hayas llegado al mundo de la vida y el sol haya bañado a tu mujer. De lo contrario, ella morirá de nuevo y la perderás para siempre.


Orfeo, emocionado ante la idea de recuperar a su amada, juró que no la miraría en todo el trayecto. Pero su corazón desbocado le jugó una mala pasada, y justo cuando casi llegan al final, olvidó la condición impuesta por Hades y Perséfone y se giró para contemplar a su amada, para asegurarse de que seguía allí. En ese momento, Eurídice se desvaneció para siempre, muriendo por segunda y última vez.

Orfeo se convirtió de esta forma en el amante más desgraciado del mundo. Decidió aislarse de todos y encerrarse en su dolor en soledad.

Orfeo y Eurídice
‘El lamento de Orfeo’, de Franz Caucig (s.XVIII)

Un día, Orfeo visitó Tracia, su lugar de origen, y allí, tocando la lira, sedujo sin querer a unas bacantes, las ‘adoratrices’ del dios Baco (dios del vino, la fiesta y el jolgorio). Orfeo las rechazó y ellas, desesperadas, ciegas de pasión, lo mataron y despedazaron.

Cuando Zeus se enteró del triste final de Orfeo, decidió colocar en lo alto del firmamento su hermosa lira, para que todos le pudieran recordar.


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